Ojala algunos meses pudieran arrancarse de cuajo del calendario. Que junto con las hojas que lo hacen físico, se escurran de las esquinas las canciones. Que las historias se olviden de que alguna vez fueron inventadas. Que la plenitud de la noche deje de lado esa mueca de Gioconda, y que alguna vez (¡alguna vez!) se vuelva protectora. Que los ojos no duelan ante huellas apenas perceptibles. Que el fantasma de sonido agudo deje de rondar a la medianoche. Que las risas no sepan a jengibre rancio y que sean solo mias cuando alguien más las oiga. Y que cuando todo eso se evapore, derretido por la sal, el calendario se complete con una nueva canción.
10.9.07
El breve espacio
2.9.07
A los frutillómanos
Esos frutos que Uds. llaman tiernos y sinceros, son en realidad criaturas abominables y crueles. Uds no saben lo que son capaces de provocar. Su poder dañino excede cualquier gesto aparentemente amable de parte ellos. Son tan hábiles en su tarea de hacer el mal, que tienen convencido a todo el planeta (y en especial a las embarazadas que vuelcan su inocente antojo hacia estos seres) de que su único interes es hacer felices a las personas, cuando en realidad ¡¡¡NO LO ES!!!! La crema, el yogur y el ron constituyen disfraces para lograr involucrarse entre la población y llevar a cabo su misión invasora.
Afortunadamente, fui una de las pocas "elegidas" a las que se les dio a conocer el llamado "Secreto Rojo".
Lamento con profunda congoja comunicarlo de esta forma y decepcionarlos. Creo que esto es sólo comparable al descubrimiento de la identidad de Papa Noel.
Afortunadamente, fui una de las pocas "elegidas" a las que se les dio a conocer el llamado "Secreto Rojo".
Lamento con profunda congoja comunicarlo de esta forma y decepcionarlos. Creo que esto es sólo comparable al descubrimiento de la identidad de Papa Noel.
22.7.07
Son aquellas...
Junio 2005
Buenos Aires amaneció húmeda y fría. Hay mal humor. Hay aceleración individuoegoísta de peatones. Hay tácita prioridad de los automovilistas para avanzar en un cruce mientras alardean de su cubículo seco. Hay práctica obligada de salto en largo sobre los charcos de los cordones. Hay peligro de ceguera por culpa de un paraguas que no quiere correrse.
Sin embargo, las gotas frías y punzantes sobre la cabeza merece la pena de andar desparaguado por el centro.
19.7.07
Qué lo tiró...

Todo lo que se pueda decir parecerá trillado, repetido, hasta cursi.Asi que solamente me quedaré con una anécdota personal y simple
Hace una buena punta de años, revolviendo en Parque Centenario esas mesas con libros que destilan humedad, encontre uno titulado "Fontanarrosa se la cuenta". Por aquellos años, yo solamente lo ubicaba como "el que dibuja a Inodoro". Este librito, de una tal Editorial Encuadre, me permitió acercarme al Fontanarrosa escritor, ese de los personajes que pudieron ser tus amigos del barrio.
Tiempo después, me encontré con el clásico "firma hoy" en el stand de Ediciones de la Flor en la Feria del Libro. Yo fui con mi librito de 3 pesos especialmente para la ocasión, pero el Negro apenas se podía ver detrás de una pared de buscadores de autógrafos con libros recién comprados (especialmente para la ocasión). Un hombre, personal de stand o colaborador o algo asi, fue victima de mi preguntonta: "¿Puedo hacer firmar un libro que no compré acá?", a la vez que se lo mostraba. Una especie de sorpresa miró mi bolsita. "¿Dónde lo conseguiste?", me preguntó, "nunca había visto ese libro. Vení". Lo seguí hasta la mesa, Fontarrosa miró el libro, y repitió el asombro por la existencia de esa edición. Todavía no sé si sería para tanto, pero tuve la sensación de ser dueña de un tesoro. E inmediatamente después, un Mendieta pronunciando mi nombre tomó forma en la primera hoja, la dedicada a las dedicatorias.
No fui la única privilegiada, ya lo sé. Pero hoy, después de escuchar el resumen de noticias con tristeza, puedo confirmar que soy dueña de un tesoro.
Hace una buena punta de años, revolviendo en Parque Centenario esas mesas con libros que destilan humedad, encontre uno titulado "Fontanarrosa se la cuenta". Por aquellos años, yo solamente lo ubicaba como "el que dibuja a Inodoro". Este librito, de una tal Editorial Encuadre, me permitió acercarme al Fontanarrosa escritor, ese de los personajes que pudieron ser tus amigos del barrio.
Tiempo después, me encontré con el clásico "firma hoy" en el stand de Ediciones de la Flor en la Feria del Libro. Yo fui con mi librito de 3 pesos especialmente para la ocasión, pero el Negro apenas se podía ver detrás de una pared de buscadores de autógrafos con libros recién comprados (especialmente para la ocasión). Un hombre, personal de stand o colaborador o algo asi, fue victima de mi preguntonta: "¿Puedo hacer firmar un libro que no compré acá?", a la vez que se lo mostraba. Una especie de sorpresa miró mi bolsita. "¿Dónde lo conseguiste?", me preguntó, "nunca había visto ese libro. Vení". Lo seguí hasta la mesa, Fontarrosa miró el libro, y repitió el asombro por la existencia de esa edición. Todavía no sé si sería para tanto, pero tuve la sensación de ser dueña de un tesoro. E inmediatamente después, un Mendieta pronunciando mi nombre tomó forma en la primera hoja, la dedicada a las dedicatorias.
No fui la única privilegiada, ya lo sé. Pero hoy, después de escuchar el resumen de noticias con tristeza, puedo confirmar que soy dueña de un tesoro.
17.7.07
Arco Baleno
Eurotur, Diciembre 2005
Sin embargo, en el momento menos esperado el sol me regala un espectaculo privado. En algunos dias despejados, la inclinacion de los rayos se da de forma que se descomponen a traves del vidrio de la puerta, y un arco iris se refleja alegrando mi escritorio. Solamente el mio.
28.6.07
Subtecard
Imaginate lo siguiente:
Un hombre escucha el despertador todos los dias a las 7 de la mañana. Abre un ojo, y mientras afloja la lagaña del otro, gira la cabeza y ve el pelo negro de su mujer. El mismo paisaje de todos los días. En el fondo tiene la esperanza de encontrar uno distinto. Con la primera vuelta de cuerda del día, llega al baño. Otra vez una imagen conocida: la suya, en el espejo, con los párpados a media asta, con un hilo de baba pegado en la comisura de los labios, con un estilo punk involuntario. Repite el ritual diario de la ducha, se viste, traga un cafe recalentado en el microondas, que no llega a disfrutar, y sale a la calle. Evita saludar a la misma gente que ayer y cruza las mismas caras en la bajada del subte, que en unos minutos lucharan por un asiento vacio, o por vaciarlo a prepo.
Un dia, entre tantos, ve algo que lo sorprende. Puede ser un detalle que no habia tenido en cuenta, puede ser un sonido nuevo, puede ser una mujer. Busca en su bolso una birome. Encuentra una de promoción que nunca usó. Roja. Busca donde anotar. En un rincón del bolso se acumulan decenas de tarjetas de subte. No puede desechar las sensaciones nuevas y piensa que como esas, mil cosas distintas se pueden encontrar. Y tiene que registrarlas. Sabemos, la memoria es débil.
** Originalmente publicado en "Hoy vi"
Un hombre escucha el despertador todos los dias a las 7 de la mañana. Abre un ojo, y mientras afloja la lagaña del otro, gira la cabeza y ve el pelo negro de su mujer. El mismo paisaje de todos los días. En el fondo tiene la esperanza de encontrar uno distinto. Con la primera vuelta de cuerda del día, llega al baño. Otra vez una imagen conocida: la suya, en el espejo, con los párpados a media asta, con un hilo de baba pegado en la comisura de los labios, con un estilo punk involuntario. Repite el ritual diario de la ducha, se viste, traga un cafe recalentado en el microondas, que no llega a disfrutar, y sale a la calle. Evita saludar a la misma gente que ayer y cruza las mismas caras en la bajada del subte, que en unos minutos lucharan por un asiento vacio, o por vaciarlo a prepo.
Un dia, entre tantos, ve algo que lo sorprende. Puede ser un detalle que no habia tenido en cuenta, puede ser un sonido nuevo, puede ser una mujer. Busca en su bolso una birome. Encuentra una de promoción que nunca usó. Roja. Busca donde anotar. En un rincón del bolso se acumulan decenas de tarjetas de subte. No puede desechar las sensaciones nuevas y piensa que como esas, mil cosas distintas se pueden encontrar. Y tiene que registrarlas. Sabemos, la memoria es débil.
** Originalmente publicado en "Hoy vi"
12.6.07
"... si es en febrero, mejor"
Gran parte de mi árbol genealógico con raíces bien agarradas en suelo alguna vez habitado por charrúas; y después cultivado por criollos y descendientes de africanos, menjunge que dio a luz a uno de los mejores carnavales del mundo. Un grupo de hombres, uno en ese puñado de encargados en difundir esta manifestacion por el mundo, visita periódicamente nuestra ciudad. Este texto nació de una de esas visitas, a modo de crónica periodística, como necesidad de mostrar lo que este grupo generó en mi y en muchos otros. Fue subida en internet por una página que en ese momento se dedicaba a esta murga (hoy encargada de la difusión de la música uruguaya en general: Eco http://eco.up.md/)
*Gracias, Gil y Jorge, por no dejarme tirar este texto
Volvió La Falta a Buenos Aires / por Larisa Bentancur
Por fin llegó el día tan esperado por los falteros porteños. Después de tantas idas, vueltas y rumores, por fin la Falta aterrizó en la calle Balcarce, en ese lugar tan querido por nosotros y que el mismo Raúl Castro define como "su casa".Decidieron hacerlo en el mes de octubre, fecha rara para que los murguistas se presenten fuera de Montevideo, donde las gargantas ya empiezan a calentarse aprontándose para el próximo Carnaval. Pero la Falta no lo hará, y el calorcito de la noche primaveral hace que venga a nuestras mentes la idea de las noches de febrero. El show estaba previsto para las 23 hs. Los seguidores del Carnaval uruguayo comenzaron a dar el presente alrededor de las 22 hs; algunos, antes. Unos minutos más tarde, la bañadera de la Falta estacionaba frente al local. Un grupo de hombres apurados y desaliñados bajó de ella, y más apurados aún se adentraron en la sala. Cerca de las 23hs se abrieron las puertas. Ya la gran masa de concurrentes que luego llenaría la sala copaba la entrada y la vereda. En el ambiente se percibía la sed de Falta y Resto. Se extrañaba el pire contagioso de los murguistas. Casi media hora más tarde, el Flaco Castro enfundado en un smoking y con su recitado-presentación hace estremecer a la ansiosa legión faltera, que cumple al pie de la letra el pedido que hace la murga con su primer tema, "Tiemblen".Siguieron más de dos horas de agite murguero. La Supermurga se explaya en su propuesta novedosa de agregar instrumentos del pop a la clásica batería; noción tal vez extraña para los que estamos acostumbrados al bombo, platillo y redoblante, que sin embargo resulta interesante de conocer.Durante el tiempo que dura el show, se despiertan variados sentimientos. La euforia llega de la mano de los clásicos ("Adiós Juventud", "La despedida del Gran Tuleque", "Que el letrista no se olvide", "Brindis por Pierrot"). El humor lo aportan el Mono y Raúl Castro con "El Gran Bulón". Los momentos de crítica fueron representados por los cuplets "Plataforma 22" y "Gente". Hubo lugar para el homenaje a tres grandes personajes de la cultura rioplatense: Tita Merello, Jorginho Gularte (con la genial interpretación de un tema suyo por parte del Coca Vidal) y el Negro Rada. Y no podía faltar la emotiva evocación a la querida ciudad de Montevideo con "La Nunca Vista"... la recreación de sus voces callejeras y esos versos que pintan el sentir del montevideano hacen que se piante más de un lagrimón.
El espectáculo está llegando a su fin. La retirada del 2003 anuncia el triste final. Los murguistas bajan del escenario entre la gente. La batería de murga se luce mezclada con la euforia del público. Y se va... la murga se va... Los falteros se niegan a dejar la sala. "Una más, y no jodemos más", dicen. Y la Falta volvió. Volvió con dos clásicos potentes: "Colombina" y "La Retirada año '82". El clima de tablado estaba instalado en la sala. Lástima que ella tenía otros compromisos, y la murga se fue... Pero la gente otra vez se negó a irse. "La Falta no se va, la Falta no se va", gritan. La Supermurga agradece ese gesto de la hinchada con un tema más, esta vez a capella y con esos fieles seguidores como coro. El tema elegido fue la "Retirada del 2001", otra composición con gran carga sentimental especialmente para los uruguayos que están lejos. Después de esto, la murga se fue por esta noche. Pero lo hizo dejando el corazón de cada uno de nosotros lleno de alegría, con la satisfacción del deber cumplido: el traer a este lado del charco un pedacito de noche carnavalera. Esta experiencia se repetirá cada sábado de octubre. La hinchada agradece.
Falta y Resto... Salú!
®Larisa Bentancur/ Sabado 4 de octubre de 2003 /La Trastienda/ Buenos Aires
*Gracias, Gil y Jorge, por no dejarme tirar este texto
Volvió La Falta a Buenos Aires / por Larisa Bentancur
Por fin llegó el día tan esperado por los falteros porteños. Después de tantas idas, vueltas y rumores, por fin la Falta aterrizó en la calle Balcarce, en ese lugar tan querido por nosotros y que el mismo Raúl Castro define como "su casa".Decidieron hacerlo en el mes de octubre, fecha rara para que los murguistas se presenten fuera de Montevideo, donde las gargantas ya empiezan a calentarse aprontándose para el próximo Carnaval. Pero la Falta no lo hará, y el calorcito de la noche primaveral hace que venga a nuestras mentes la idea de las noches de febrero. El show estaba previsto para las 23 hs. Los seguidores del Carnaval uruguayo comenzaron a dar el presente alrededor de las 22 hs; algunos, antes. Unos minutos más tarde, la bañadera de la Falta estacionaba frente al local. Un grupo de hombres apurados y desaliñados bajó de ella, y más apurados aún se adentraron en la sala. Cerca de las 23hs se abrieron las puertas. Ya la gran masa de concurrentes que luego llenaría la sala copaba la entrada y la vereda. En el ambiente se percibía la sed de Falta y Resto. Se extrañaba el pire contagioso de los murguistas. Casi media hora más tarde, el Flaco Castro enfundado en un smoking y con su recitado-presentación hace estremecer a la ansiosa legión faltera, que cumple al pie de la letra el pedido que hace la murga con su primer tema, "Tiemblen".Siguieron más de dos horas de agite murguero. La Supermurga se explaya en su propuesta novedosa de agregar instrumentos del pop a la clásica batería; noción tal vez extraña para los que estamos acostumbrados al bombo, platillo y redoblante, que sin embargo resulta interesante de conocer.Durante el tiempo que dura el show, se despiertan variados sentimientos. La euforia llega de la mano de los clásicos ("Adiós Juventud", "La despedida del Gran Tuleque", "Que el letrista no se olvide", "Brindis por Pierrot"). El humor lo aportan el Mono y Raúl Castro con "El Gran Bulón". Los momentos de crítica fueron representados por los cuplets "Plataforma 22" y "Gente". Hubo lugar para el homenaje a tres grandes personajes de la cultura rioplatense: Tita Merello, Jorginho Gularte (con la genial interpretación de un tema suyo por parte del Coca Vidal) y el Negro Rada. Y no podía faltar la emotiva evocación a la querida ciudad de Montevideo con "La Nunca Vista"... la recreación de sus voces callejeras y esos versos que pintan el sentir del montevideano hacen que se piante más de un lagrimón.
El espectáculo está llegando a su fin. La retirada del 2003 anuncia el triste final. Los murguistas bajan del escenario entre la gente. La batería de murga se luce mezclada con la euforia del público. Y se va... la murga se va... Los falteros se niegan a dejar la sala. "Una más, y no jodemos más", dicen. Y la Falta volvió. Volvió con dos clásicos potentes: "Colombina" y "La Retirada año '82". El clima de tablado estaba instalado en la sala. Lástima que ella tenía otros compromisos, y la murga se fue... Pero la gente otra vez se negó a irse. "La Falta no se va, la Falta no se va", gritan. La Supermurga agradece ese gesto de la hinchada con un tema más, esta vez a capella y con esos fieles seguidores como coro. El tema elegido fue la "Retirada del 2001", otra composición con gran carga sentimental especialmente para los uruguayos que están lejos. Después de esto, la murga se fue por esta noche. Pero lo hizo dejando el corazón de cada uno de nosotros lleno de alegría, con la satisfacción del deber cumplido: el traer a este lado del charco un pedacito de noche carnavalera. Esta experiencia se repetirá cada sábado de octubre. La hinchada agradece.
Falta y Resto... Salú!
®Larisa Bentancur/ Sabado 4 de octubre de 2003 /La Trastienda/ Buenos Aires
30.5.07
Sabado
Era un sábado de junio por la tarde, de esos en que el frío puede verse a pesar del sol.
Ella estaba sentada en la mesa de madera en un bar de la calle Corrientes. Ahí los mozos aun usan un moño pegado al cuello y los ceniceros de lata ostentan una añeja publicidad de Cinzano. Había elegido una mesa solitaria, y contra una ventana. Prendió un cigarrillo. Hacía pocos días que había reincidido en el vicio. Pidió un segundo cortado. Su mirada se perdía en los coches que pasaban. El cigarrillo se consumía sin haber sufrido pitadas. Una mano hizo llegar el pocillo hasta su mesa, justo al lado de su codo. "¿Azúcar o sacarina?", preguntó la voz que la hizo volver a la realidad bajo-cero. "Azúcar", pidió, sin pensar en lo que pedía. La cucharita giraba, y su mirada se perdía ahora en el remolino provocado en el líquido. Lo que la hizo volver esta vez fue una gota caliente voladora sobre su pulgar. Miró el cigarrillo que seguía consumiéndose, lo tomó entre sus dedos y lo acercó a sus labios suavemente, como si quisiera besarlo. De la misma forma acercó el pocillo hasta su boca. El calor del café le produjo un segundo de placer. Hacía varios días que sus momentos de placer duraban un segundo.
Dejó el pocillo. Dirigió su mirada nuevamente a la calle. Esta vez, sus ojos se fijaron en un hombre. Era solamente un hombre. Pero las manos...
Un par de lágrimas inundaron la cavidad de los parpados, y una de ellas acarició la mejilla izquierda. La dejó correr. Quería sentir el frescor de esa lágrima, la primera que había podido escapar de la prisión en muchos días.
Otro cigarrillo se consumía a la vez que el café tomaba la temperatura ambiente. Lo probó, pero ya no se podía tomar. No le importó. No quería tomarlo realmente. El pocillo, la cucharita, el sobre vacío de azúcar, sólo eran un juguete para sus dedos.
La tarde llegaba a su fin. Las luces empezaban a iluminar la avenida. "¿Algo más, señorita?", escuchó. Dibujó una leve sonrisa con su boca, giro suavemente la cabeza de derecha a izquierda mientras pronunciaba un "gracias" apenas perceptible. Miró el reloj. Calculó lo consumido más la propina y dejó un billete bajo el cenicero. Se acomodó los guantes, la bufanda, el gamulán. Tenía cita con una noche larga y fría.
Ella estaba sentada en la mesa de madera en un bar de la calle Corrientes. Ahí los mozos aun usan un moño pegado al cuello y los ceniceros de lata ostentan una añeja publicidad de Cinzano. Había elegido una mesa solitaria, y contra una ventana. Prendió un cigarrillo. Hacía pocos días que había reincidido en el vicio. Pidió un segundo cortado. Su mirada se perdía en los coches que pasaban. El cigarrillo se consumía sin haber sufrido pitadas. Una mano hizo llegar el pocillo hasta su mesa, justo al lado de su codo. "¿Azúcar o sacarina?", preguntó la voz que la hizo volver a la realidad bajo-cero. "Azúcar", pidió, sin pensar en lo que pedía. La cucharita giraba, y su mirada se perdía ahora en el remolino provocado en el líquido. Lo que la hizo volver esta vez fue una gota caliente voladora sobre su pulgar. Miró el cigarrillo que seguía consumiéndose, lo tomó entre sus dedos y lo acercó a sus labios suavemente, como si quisiera besarlo. De la misma forma acercó el pocillo hasta su boca. El calor del café le produjo un segundo de placer. Hacía varios días que sus momentos de placer duraban un segundo.
Dejó el pocillo. Dirigió su mirada nuevamente a la calle. Esta vez, sus ojos se fijaron en un hombre. Era solamente un hombre. Pero las manos...
Un par de lágrimas inundaron la cavidad de los parpados, y una de ellas acarició la mejilla izquierda. La dejó correr. Quería sentir el frescor de esa lágrima, la primera que había podido escapar de la prisión en muchos días.
Otro cigarrillo se consumía a la vez que el café tomaba la temperatura ambiente. Lo probó, pero ya no se podía tomar. No le importó. No quería tomarlo realmente. El pocillo, la cucharita, el sobre vacío de azúcar, sólo eran un juguete para sus dedos.
La tarde llegaba a su fin. Las luces empezaban a iluminar la avenida. "¿Algo más, señorita?", escuchó. Dibujó una leve sonrisa con su boca, giro suavemente la cabeza de derecha a izquierda mientras pronunciaba un "gracias" apenas perceptible. Miró el reloj. Calculó lo consumido más la propina y dejó un billete bajo el cenicero. Se acomodó los guantes, la bufanda, el gamulán. Tenía cita con una noche larga y fría.
21.5.07
Ronda en la Dorrego
La plaza Dorrego invita a los adeptos a noches de verano al aire tan "libre" como lo permite la ciudad, a sentarse en uno de sus muros, cerveza en mano, y a jugar a los filósofos. Los temas mas impensados pueden surgir hasta que el sol choca contra las pupilas con resaca, y muchas veces pueden ser la excusa para hacer nuevos amigos. Por ejemplo, se puede hablar sobre fonoaudiologia, la población infantil, y las técnicas empleadas para corregir la mala dicción provocada por los aparatos dentales. Entre ellas, el famoso verso "erre con erre, guitarra. Erre con erre, barril..."
Y al hablar de eso, se puede acercar una persona, diríamos un borracho solitario, y aducir que uno lo nombró. Podemos mirarlo con incredulidad, intentar ignorarlo, pero sin temerle. Es un simple compañero del alcohol. Y el puede insistir en que se lo llamó, intentar convencernos que en la Plaza Dorrego se pronuncio su nombre. Puede sacar una tarjeta casi profesional, impresa, y con eso puede hacernos ver que tenía razón. Su nombre se dijo, y no sin dificultad. La tarjeta puede asegurar que él es " Erre. Pintor de alturas", y puede hacernos reír, y podemos invitarlo a compartir el muro de los filósofos ocasionales. Erre puede contarnos de por qué está en esa plaza, sin mas compañía que la petaca de Criadores. Y así podemos saber que en un bar de la zona trabaja una Señorita (aunque podemos sospechar que Señora), de quien la petaca estaría celosa. Y que ella termina sus funciones a alguna hora de la madrugada, y que, como cada noche, intentará que ella lo acompañe. Nos puede decir que no pretende que el destino sea su colchón en el altillo con silletas, tarros de pintura y brochas gordas. Puede jurarnos que el sería feliz si ella le permitiera solamente caminar 5 cuadras a su lado (Pero no se lo permitirá). Y nosotros podemos creerle, ahora que Erre se despide al ver caer la cortina del bar de la esquina
Y al hablar de eso, se puede acercar una persona, diríamos un borracho solitario, y aducir que uno lo nombró. Podemos mirarlo con incredulidad, intentar ignorarlo, pero sin temerle. Es un simple compañero del alcohol. Y el puede insistir en que se lo llamó, intentar convencernos que en la Plaza Dorrego se pronuncio su nombre. Puede sacar una tarjeta casi profesional, impresa, y con eso puede hacernos ver que tenía razón. Su nombre se dijo, y no sin dificultad. La tarjeta puede asegurar que él es " Erre. Pintor de alturas", y puede hacernos reír, y podemos invitarlo a compartir el muro de los filósofos ocasionales. Erre puede contarnos de por qué está en esa plaza, sin mas compañía que la petaca de Criadores. Y así podemos saber que en un bar de la zona trabaja una Señorita (aunque podemos sospechar que Señora), de quien la petaca estaría celosa. Y que ella termina sus funciones a alguna hora de la madrugada, y que, como cada noche, intentará que ella lo acompañe. Nos puede decir que no pretende que el destino sea su colchón en el altillo con silletas, tarros de pintura y brochas gordas. Puede jurarnos que el sería feliz si ella le permitiera solamente caminar 5 cuadras a su lado (Pero no se lo permitirá). Y nosotros podemos creerle, ahora que Erre se despide al ver caer la cortina del bar de la esquina
2.5.07
Feliz Otoño
21 de Marzo, 2007
Aunque dicen que la fecha real es el 20 de marzo (esas cosas de los exácticos...), hoy empieza el otoño, hoy es el dia que los del sur podriamos envidiar a los del norte en primavera.
Hoy es cuando las noches empiezan a eclipsar a los dias. Y a partir de ahora, tenemos que pensar si la campera del año pasado nos abrigará lo suficiente.
Nuestro cuerpo empezará a pedir mas calorias. Y la felicidad de algun posible kilo perdido hasta hoy se empañará por los chocolates que tendremos ganas de comer, aunque las tripas griten de placer.
La fiaca de cambiar pijama por ropa, frazada por aire.
Y otra vez a contar los dias para las Fiestas (para el que quiera festejarlas), para calcular los fines de semana largos que nos acorten el año.
Y los labios cuarteados por el frio. Y a desear tener terminales sensoriales en las puntas de los guantes, para no perder las monedas. Y cuidar de no perder el paraguas, el gorro que yo no uso, o la bufanda en algun colectivo.
Y etcétera
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